UN NINJA EN LA CORTE

julio 15, 2009


    Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros, sin excepción alguna se convirtieran en Ninjas; por lo que desde la tatara tatara recontra tatara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tatara archirecontra tatara tatara etétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados Ninjas de todo el mundo.
Grandes emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir justicia.
Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser un Ninja; si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los mejores,  a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada de conejo rebuscón; por ejemplo, si alguien no quería comer sus vegetales llegaba a toda prisa la tatara tatara abuelita enfundada en su traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias, guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara … no importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de Ninjas. Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su perfeccionada técnica de gritos de mono aullador rockero, con los cuales aturdían y enmudecían a toda la calle.
    Fué entonces que el pequeño Haro Wu Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de resolver los problemas; así que desde ése momento Haro decidió que quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los inocentes de una forma mucho más civilizada.
Sin embargo, Haro sabía que sus parientes no estarían de acuerdo con que abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía porqué enterarse de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.
    Así que llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela de leyes … ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra de un mimo, sus rápidos movimentos para esquivar el vigilante ojo de su tatara tatara abuelita casi eran súpersónicos, y, enfundado en su ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier gato de azotea.
    Así fué pasando el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto, pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que sus técnicas mejoraban notablemente día con día; hecho que era de esperarse ¡porque escapar de la tatara tatara abuelita no era cosa fácil! Luego de mucho tiempo y dedicación  Haro Wu Lo-kuaz porfín estaba apunto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy reconocido por los maestros; motivo por el cual fué recomendado para trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en sí de gusto … sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con toda su familia …

    La mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolios metálico con cerradura de combinación. Al llegar al inmenso edificio de fachada gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”. Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en cualquier segundo despertaría, pero fué en ése preciso momento que la dulce y melodiosa voz de su jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro entregándole el archivo de su primer caso.
De inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.
Cuando Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado, aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tatara tatara abuelita!
– ¡por el sable de mi abuela!-gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes-
– ¿Pero que te sucede chico?
– ¿D… d… de… de qué se le acusa a la señora?
– Hmmm-decía la señorita mientras recogía el expediente del piso-no es algo demasiado grave … aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito tranquilamente por la calle.
– Y … que .. que que que… ¿qué le hizo ella al alcalde?-preguntó temeroso el chico-
– Hmmm … de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes … alcanza la fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente… un momento … Wu Lo-Kuaz … ¿qué ése no es tu apellido chico?
– P… p… pues sí.. verá señorita…
– ¡No se diga más! ¡qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!
– ¿Aunque fuera la acusada?-interrumpió Haro-.
– Hmmm … detalles, detalles-decía la señorita-
– ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?
– ¿Conflicto? Hmmm … detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.
Cuando Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.
La enorme puerta de madera se abrió, y entraron la acusada y el acusador aún discutiendo mientras dos inmensos guardias intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero que la abuelita quería propinarle al alcalde.
– ¡Orden en la corte!-gritó el juez-¡que se siente la acusada!
En el momento en que porfín la abuelita tomó su lugar notó que el abogado que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar con ella con el ultrasecreto lenguaje de señas de los Ninjas … que para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.
Así Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que ante todo, y después de todo, era un Ninja, volvió a tomar valor, respiró profundo, dejó de temblar y comezó el juicio; aunque no era nada sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo que seguirle el paso con sus volteretas de lemur  hiperactivo mientras le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.
Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.
– ¡Prueba número uno!-se escuchaba- el peluquín que un veterinario tuvo que extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!
– ¡objeción!-gritó Haro- el abogado insulta a mi cliente … ¡la abuelita no está loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites del parque?
– Pues sí, pero éso no es un crimen, el perrito tenía su correa.
– Cierto-decía Haro- sin embargo si es un crimen que usted dejara que su perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita ¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!
– Bueno… bueno-decía el alcalde- quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!
– ¡Arrancarle la cabeza!-gritaba la abuelita- ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!
– ¡Orden en la corte!-gritó el juez-no necesito escuchar más … el abogado Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros de distancia de la abuelita… sin embargo, el alcalde también tiene razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín … la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!
El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque después de todo ¿quién dice que no puede haber un Ninja en la corte?

Fin

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