EL LITIGANTE

julio 29, 2009


El abogado debe ser hombre de bien y probo. Cuando contratamos un abogado para que nos asista, asesore, defienda, siempre pensamos en las cualidades ético-morales del jurista en cuestión que nos va a acompañar a lo largo del trayecto jurídico que habremos de compartir. ¿Pero cuáles serían esas cualidades ético-morales que debe llenar el abogado? Que sea un hombre de buena fe en sus actuaciones jurídicas, que sea un abogado por vocación, no comerciante de leyes y códigos, que sea un hombre que aborrezca los hechos delictuosos que violan los derechos de sus cargos, ya sea cuando los jueces dicten sentencias o resoluciones contrarias a la ley o citaré hechos o resoluciones falsas, o cuando los abogados defiendan o representen partes contrarias en un mismo juicio, es decir, que respete el trabajo que se le confía. Que sea un abogado que defienda tanto a los que tienen medios económicos como a los que no lo tienen, a los fines de hacer verdadera justicia equitativa. ¿A qué se refiere la probidad de un abogado? Decía Lamináis: “La delicadeza en los negocios es el punto de honor de la probidad. No es posible pensar que ellas puedan estar separadas largo tiempo. Cuando la primera se va, la otra se levanta para seguirla”. Decía Biarnoy De Marville: “No se puede ser un perfecto abogado si no se es un honesto hombre y un hombre de bien”. Decía Simón Bolívar: “El talento sin probidad es un azote”. Por todo lo expuesto, debemos tener en cuenta que la vida profesional de un buen abogado es ser honrado, porque se podrá vivir sin talento, pero no se puede vivir sin honor. Para ser un buen abogado no hay que ser superdotado ni tener todas las virtudes porque somos humanos y erramos, lo que hay que tener es un corazón que le indique cuándo va a cometer o está cometiendo una injusticia para rectificar a tiempo, y ser probo. Sacerdotes de la Justicia, llama el digesto a los abogados. ¿Cómo demuestra el abogado que es un hombre de bien y probo? En nunca lanzar al cliente a un pleito dudoso o aventurado, y al negarse a actuar en causas o litigios de orden ilícito. El abogado debe defender en causa criminal a quien se le confia de oficio, lo que no obsta el reclamo justo de los honorarios. Respecto a esto Cicerón decía: “Es lícito defender al culpable; así lo pide el pueblo; lo tolera la costumbre y lo acepta la benignidad”. En materia jurídica, la negligencia, el vicio, mata la actividad productiva del hombre. Entonces, vemos que la negligencia es contraria a la ética, luego el abogado que no le coloca todo su corazón al trabajo que se le confíe comete una iniquidad grave contra la moral y ética de su profesión. Concluimos diciendo que al abogado se le llama sacerdote de la Justicia, entonces no podrá valerse de triquiñuelas de mala ley para llegal al fin de sus altos oficios. Fyot De La Marche decía: “Los combates del foro no son las obras de las tinieblas ni las luchas del embrollo y del fraude, sino que son los combates del celo y de la luz”.

FUENTE: http://autorneto.com/referencia/noticias-mundiales/opinion/el-litigante/

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