EL ABOGADO QUE HUMILLO A HITLER

agosto 6, 2009


La noche del 22 de noviembre de 1930, una turba de la SA, la organización paramilitar de los nazis, asaltó un local de Berlín, punto de encuentro de obreros izquierdistas. Hubo una veintena de heridos y la Policía no prestó demasiada atención al caso. En mayo del año siguiente, se celebró un proceso en el que la acusación no sólo pretendía identificar y castigar a los asaltantes, sino también demostrar que los nazis utilizaban el terror de forma sistemática para socavar las estructuras democráticas de la República de Weimar.

La acusación llamó a declarar como testigo a Adolf Hitler, para demostrar que el partido NSDAP actuaba al margen de la legalidad. El líder nazi no supo responder de manera convincente a ninguna de las preguntas. El abogado que le había sentado en la sala de vistas se llamaba Hans Litten. Defendía a cuatro de los heridos. Años después, recordaría en su diario que el futuro dictador se había puesto rojo de furia y había gritado en la sala “histérico como una cocinera”.

Hitler caía en arrebatos de ira cuando oía el nombre de Litten

Ridículo y fuera de sí

Litten leyó ante el tribunal un artículo del jefe de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, donde reclamaba “destrozar el Parlamento para conquistar el poder” y “hacer picadillo a nuestros rivales”. Hitler, fuera de sí, quedó en ridículo con su respuesta: “¿Cómo se le ocurre decir que esto es un llamamiento a la ilegalidad? ¡Eso no se puede demostrar en absoluto!”. Hitler caía en arrebatos de ira cada vez que se pronunciaba el nombre de Litten.

Hans Litten nació en 1903 en Halle, pero su familia se trasladó a la ciudad báltica de Königsberg cuando él tenía tres años. Su padre era un alto funcionario prusiano, ultraconservador y enemigo de la República. Era judío, pero se había bautizado, algo que el futuro abogado del proletariado berlinés consideraba oportunismo. El ideario humanista que marcó su evolución política lo aprendió de su madre, hija de una familia de profesores y pastores protestantes.

Tras pasar por varios campos de concentración, el abogado se ahorcó

Esta educación materna y su interés por los desfavorecidos se reflejan en una anécdota de sus años escolares. Un profesor le preguntó si creía oportuno colgar en la clase un retrato de Paul von Hindenburg, el vencedor de la batalla de Tannenberg, y él respondió que siempre había sido partidario de “colgar” al futuro presidente Hindenburg, quien nombraría canciller del Reich a Hitler en 1933.

Litten estudió derecho por prescripción paterna. “Cuando el buey se aburría en el paraíso, inventó la jurisprudencia”, escribió en su diario de estudiante. Pero pronto encontró una faceta apasionante de la profesión: la defensa de los trabajadores. En 1921 defendió a obreros que habían protagonizado un levantamiento en las ciudades industriales. Consiguió su amnistía.

Fue detenido en Berlín el 28 de febrero de 1933. Los intentos de su madre por sacarle de la cárcel fueron vanos. Pasó por el campo de concentración de Sonnenburg y la cárcel de Brandeburgo, donde fue torturado junto al anarquista Erich Mühsam.

Las siguientes estaciones de su martirio fueron los campos de concentración de Esterwegen, Lichtenburg, Buchenwald y Dachau, donde se ahorcó el 5 de febrero de 1938.

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