EL ESTILO PROFESIONAL

agosto 14, 2009


No pueden existir unas normas que obliguen a un determinado estilo del abogado. Habrá tantos estilos como abogados porque el estilo, el modo de hacer, viene determinado de la subjetiva visión del mundo que tiene cada persona. Sin embargo, si podemos recomendar aquí unas formas, que si bien son flexibles, son respetuosas con la tradición y la experiencia que demuestra el sentido de las mismas.

Se suele decir que el mundo del Derecho está anticuado, que la Justicia tiene usos trasnochados, tales como el tratamiento de Su Señoría, el uso de la toga… Bueno es que exista ese debate en el ánimo de evolucionar con los tiempos y servir mejor a la sociedad. Pero debemos partir de una premisa, la Justicia trata de imponer el orden (la norma) allí donde es mal entendido, vulnerado o ignorado; y no se trata de un orden parcial que nace del capricho, sino que es la norma de convivencia que la sociedad se ha dotado. Por todo ello, porque en el impartir Justicia se quiere buscar el rigor (en definición de Celso hijo “Ius est ars bonui et aequi”, el derecho es el arte de lo bueno y de lo justo) ha de hacerse con seriedad y un cierto protocolo.

El orden de la Sala a la que comparecemos obedece a un sentido de representar físicamente cómo ha de impartirse la Justicia. El abogado se coloca en el mismo plano que el Juez o el Fiscal porque somos sujetos colaboradores en la administración de Justicia y no somos nosotros quienes somos juzgados. Al tratar al Juez de Su Señoría no estamos encumbrando a D. Fulano de Tal, sino que estamos manifestando el respeto que merece quien asume tan difícil y necesaria función como es la de juzgar en nombre de la sociedad.

Las formas pueden gustar más o menos, pero es ese orden arbitrario el que garantiza un denominador común que impide la irrupción del desorden y el mal gusto. Quiere decirse que la falta de formas, la improvisación no contribuyen a la alta tarea a la que nos encomendamos. Es necesario un cierto rito, si bien se podrá ir adaptando a los nuevos usos. Pero no conviene correr demasiado en ese intento a riesgo de terminar por perder el respeto que aún se tiene a un juicio.

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